
Revista Neosapiencia ISNN 3091-1982. Enero - junio 2026. Vol. 4, Núm.1, P. 107-122.
rendimiento académico lo que propicia al rezago educativo (Carrión-Rivera et al., 2023; Suárez y
Cevallos, 2023; Tuquinga et al.,2024). Ante este contexto, los docentes deben comprender que no
están tratando con estudiantes de un aula promedio, sino con estudiantes con problemáticas
emocionales, y deben asumir el rol de líder con enfoque emocional, prepararse y adaptar sus
actividades para orientar a los estudiantes, ayudándoles a comprender, aceptar y gestionar su
entorno de manera resiliente (Ramos Y Roque, 2021). Desde el espacio educativo es posible:
intervenir positivamente a través del acompañamiento emocional; desarrollar y fortalecer
habilidades de la autoconciencia y la autorregulación; fomentar en ellos una comprensión más
profunda de sus emociones y acciones; promover relaciones más empáticas entre pares y contribuir
a la construcción de un ambiente escolar seguro, solidario y libre de violencia.
En cuanto a las habilidades de conciencia social y habilidades relacionales, los estudiantes
evidencian una alta capacidad para relacionarse, comprender y ayudar a sus compañeros.
Demuestran una alta capacidad de cooperación y trabajo en grupo, además de la resolución pacífica
de conflictos. Así mismo, los docentes indican que los estudiantes mantienen empatía hacia sus
compañeros y mantienen buena relación en el aula.
Las aulas NAP se han convertido en espacios distintos a los salones regulares, pues reúnen a
estudiantes que no cuentan con el acompañamiento adecuado en el hogar y que, en muchos casos,
comparten experiencias de vulnerabilidad similares. Esta coincidencia, sumado la guía estratégica
de los docentes, ha favorecido el trabajo colaborativo, al apoyo mutuo y al fortalecimiento de las
relaciones entre ellos. Los estudiantes encuentran en las aulas un espacio de seguridad, atención y
escucha por parte de los docentes, se sienten valorados a comparación de las aulas regulares. Los
docentes enfatizan el trabajo grupal en clase, práctica que no solo promueve la corresponsabilidad
académica, sino que también mejora su compromiso con las tareas y favorece un seguimiento más
cercano por parte del docente. El desarrollo de las habilidades sociales les permite relacionarse
mejor con los demás, adaptarse a los desafíos y participar en entornos de aprendizajes
colaborativos (UNESCO, 2024).
Por último, sobre el desarrollo de la habilidad de toma de decisiones responsables, los resultados
evidencian que a menudo no piensan en las consecuencias que conlleva tomar una decisión,
tienden a presentar dificultades para proyectarse hacia el futuro y para reconocer el impacto de sus
elecciones en su propia vida y en la de quienes los rodean. Los estudiantes del NAP provienen de
hogares donde el interés por su futuro es limitado, lo que dificulta que visualicen escenarios